2005/10/06

¿Te cuido el auto, flaco?

Un choclo siempre es más completo, incluso una empanada de humita podría ganarle, nunca en un campeonato de vaciamiento de caja corrugada revestida de aluminio protector, donde retozan sueños varios, de grandeza o de chiqueza, napoleónicos o constantes, macedonios o simples ensaladas con lo que había en la heladera al momento en que cayó el diputado para la cena con ese proyecto que comenta de una ley por la cual toda hija primogénita de matrimonio en segundas nupcias no entregada como es debido en ritual de yotecreiadiferente siempre y cuando se considere que no ha podido nunca dejar de creer que mentía cuando juraba faltar a la verdad. Estos abuelitos treintañeros, simpáticos protestantes de la moral weberiana, dulces y orgullosos saccovanzettistas, fritos en su propio aceite seborreico, dados a la perorata incontinente por cuanto sin contenido, amigos inseparables de la honrada amenaza, fruto inmaculado del vientre del mal menor, tinajas llevadas a la fuente hasta haberla roto, apolíneos acólitos de los parquímetros que nunca habrá salvo donde sean inutilizables, bordeadores de césped de nylon, previamente tratado con el tema del Hijo-Deseo-Edipo lacaniano. Generalmente suicidas involuntarios. Culpables de casi todo, excepto de su propia condena.

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