2005/10/06

Tren blanco de las once y pico

Espectral, fantasmagórico. Demano y hurecho, por decirlo con vocabulario derrotista, ahogador de siniestros gritos tan fuertes que nadie los oyó nunca. Más callejero por dentro que por fuera, carga de evidente fase saliente del complejo edípico, con culpa característica y amenaza de castración, la cual hace sonar a todos los despertadores diez segundos antes de que les sea apercibida la hora, y bailar al son de la música que prohiben.
De qué servirán todas las mancuspias del mundo si los locos lanzan sobre las llamas, que yacen apagadas. Como si dijéramos Mein Kampfo de Mayo, o SSMA, rumbo al patibulario pan nuestro de cada día, por la incierta vía de la promesa, y el que quiere venir que venga, que yo volveré con mis millones, hasta que sean tantos que ya no quepan en ese largo tren cuya locomotora descansa en Retiro, mientras el último vagón espera que lo obliguen a trabajar en José Paz.

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