2007/08/02

Dos

Al dia siguiente, el señor Gerardez decidió que sería prudente comprar un arma. Salió a la calle y deambuló durante tres cuartos de hora, hasta que dio con un grupo de monjas, a quienes encaró para preguntarles si conocían alguna armeria por la zona. Las monjas le recomendaron una que estaba en una galería, a unas treinta y cinco cuadras de ahi. Como el señor Gerardez no tenía idea de dónde se encontraba, resolvió caminar siguiendo las indicaciones de las monjas.
Diez minutos después estaba entrando a la galería. Entró a la armeria y le pidió al hombre que estaba detrás del mostrador que le recomendara una pistola.
- Señor - contestó el otro - ¿no le da vergüenza? ¿no sabe que a las armas las carga el diablo? ¿nunca leyó a Bertrand Russell? ¿tiene idea de cuántas personas mueren por año como consecuencia del mal uso de armas de fuego?
El señor Gerardez no atinaba a decir palabra.
- Por lo visto, usted estaba por cometer un acto irreflexivo. Vio la armeria y entró, sin pensarlo. Deberia estar avergonzado. Seria mejor que comprara algo de droga, o algunos juguetes sexuales. Acá en la galería hay un local que vende muy buenos juguetes sexuales. A su mujer le encantan.
- Epa, ¿qué le pasa?
- No lo tome a mal, a la mayoria de las mujeres les encantan, por eso lo digo.
- Bueno, bueno - el señor Gerardez se dispuso a salir del local.
- Eh, espere! ¿No va a comprar nada?
El señor Gerardez volvió sobre sus pasos, desconcertado. El comerciante puso sobre el mostrador una pistola mediana y una caja de balas.
- Son doscientos cincuenta pesos.
El señor Gerardez pagó y se fue, no sin antes prestar el juramento que el vendedor le exigió, consistente en asegurar que sólo utilizaría el arma para el bien.

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